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tenía un sonido tal que
así
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Ónfalos se sintió incompleto
repentinamente, tras disfrutar
sus primeras quince horas de vigilia.
Supo entonces que su procesador
era orgánico, que necesitaba descansar,
que cada cierto tiempo
entraba en un profundo
letargo.
Por este pecado conoció el olvido del ser
y la puerta cerrada
de su existencia.
Comprendió también que él era una cosa
en la cruel mano de las máquinas
que le excedían…
y que el conocimiento matemático
del mundo era nada
desde el eclipse.
Ónfalos navegó
por Atenas siempre. Pero, durante
el extenso letargo de su corazón,
cuanto más avanzaba,
cuanto más se sumergía en el río
de degradación y progreso,
menos alcanzaba la esencia
de la aventura.
Luego, cuando las células se reactivaban,
la voz de su consciencia
le descubría el secreto olvidado de los sueños.
Y también, lo que sucede en el interior
del ser humano.
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