Ómfalos y Delfos se van de compras.
Cae sobre la ciudad una lluvia
de octetos fosforescentes que estallan
en pequeñas luciérnagas verdes.
Ónfalos y Delfos adaptan la visión
de sus gafas a modo nocturno… y ven,
ven que el paraguas de los suburbios de Atenas
se oscurece. Ven la silueta
de un código cerrado
desparramándose por la cúpula otra vez negra.
Ómfalos y Delfos se van de compras.
Miran los grandiosos escaparates
de los centros comerciales, olvidan
la muerte de los guardianes arriba.
Ellos están en fase
y necesitan el aceite
de la ternura. Si no lo consiguen
sus cuerpos metálicos morirán.
Ónfalos y Delfos son dos robots;
mas, sólo dos robots enamorados.
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