Levanto esta tumba con el liviano peso de mi alma, que es canto rodado, minúsculo vértice en el agua.
Pero el beso se rompe sobre el acantilado de tu frente, se hunde para siempre en su latido mortal.
Y todo por nada, árido ónfalo de Delfos, que la muerte está siempre en el labio de esta palabra.
Insisto, en tu cuerpo el beso es como la hojarasca, mudo presagio de cimientos que se desploman.
Levanto esta tumba, sí, y todo por nada; minúsculo vértice del agua.
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