RECORTES DE PRENSA
Vista cansada
Luís García Montero
por Tulio Demicheli , DIARIO ABC, 15 FEBRERO 2008

 

      El autor granadino comenzó a escribir este libro hace cinco o seis años, cuando fue al oculista y le dijo que tenía la vista cansada. Entonces decidió que lo publicaría al cumplir 50 años porque «era el momento de escribir sobre el paso del tiempo y de la historia. El título me pareció simbólico porque habla sobre el cansancio que uno tiene de ver cosas que no le gustan, pero también del cansancio de los objetos que uno ve. Creo que la modernidad está avergonzada de muchos de sus valores, a los que no defiende con coraje; y la veo un poco cansada de ella misma. Ponerse gafas es no querer quedarse ciego. Para mí, la poesía es no conformarse con decir que lo blanco es blanco, sino buscar el otro lado y los matices de las cosas: es un ejercicio de conocimiento».
     García Montero repasa su infancia, juventud y madurez, habla del amor, de la paternidad y de cómo se envejece, pero huye del «anecdotismo biográfico», porque busca «una meditación sobre la educación sentimental de los españoles que a los 50 años podemos comparar el país en que vivíamos con el de ahora». El poeta escribe que «el amor se hereda como un abrigo sin botones», y al decirlo, aún va más allá, porque se siente «heredero de una tradición literaria y social. Pero he mantenido mi derecho a coserele a ese abrigo los botones que yo decida. La creación literaria es un diálogo con la tradición. Cuando se es sectario, se pierde la riqueza de la poesía. Cuando uno lee, puede disfrutar de mundos muy distintos. He tenido, además, la fortuna de haber mantenido amistad estrecha con poetas como Alberti, Gil de Biedma o Ángel González, y esa amistad la siento como un crédito que ahora tengo que devolver. Cuando escribo espero estar a la altura de mi pasado».
     En este recuento vital, García Montero también se enfrenta al desastre de las utopías. «Me parece muy peligroso entender que el "compromiso" es convertirse en portavoz de las consignas de un partido o de un líder. Hay que mantener la independencia crítica. Cuando se derrumbó el Muro de Berlín no sentí amargura. Yo había acompañado a Alberti a algunos países del Este y los conocía bien; cuando se cayó ese mundo, para mí no se cayó nada propio, porque mi idea de lo que debía ser la izquierda y la vida no tenía nada que ver con ese "socialismo real" que era una dictadura horrible».
     Sin embargo, su estado de ánimo se hace melancólico porque «en la democracia actual seguimos teniendo -como decía Octavio Paz- muchos de los problemas que alguna vez los sueños habían intentado superar. Ahora los viejos totalitarismos me parecen menos peligrosos para la convivencia que el triunfo de un capitalismo radical y cínico, que pierde el sentido de la convivencia y el respeto a la dignidad humana. Machado decía que la verdadera libertad no nos la jugamos cuando podemos decir lo que pensamos, sino cuando podemos pensar lo que decimos. Tirar todos los muros -el del estalinismo, el del franquismo- es fundamental, porque es fundamental poder decir lo que pensamos. Pero no creamos que sólo por eso somos libres, porque en democracia también hay mecanismos de manipulación que hacen imposible pensar con objetividad lo que decimos. Por eso defiendo la poesía como un ejercicio de conciencia, para conjurar ese peligro».

 

    


©     EL LITERONAUTA      2008