RECORTES DE PRENSA
El sentido primero de la palabra poética
de Antonio Colinas
T. Demicheli para, DIARIO ABC, 23 FEBRERO 2008
     

     El poeta y ensayista Antonio Colinas ha reunido una colección de ensayos sobre «El sentido primero de la palabra poética» (Siruela) en la que pone al día sus «reflexiones sobre la poesía a la luz de la vida y de las vidas de los poetas», reflexiones que «pueden representar de manera ideal mi idea de una literatura a contracorriente». Es decir, plantea una poética en la que «se funden el proceso de vivir y el de escribir, porque pesan tanto las vidas como las obras». En su caso personal, el autor confiesa que, a lo largo de su trayectoria como poeta y escritor «sólo ha habido una apuesta por la propia voz, una música que oímos, quizá por primera vez, en la adolescencia, y a la que luego siempre hemos sido fieles».
      Este libro puede seguirse como una bitácora en la que da constancia de los escritores y los temas que, por razones muy diversas, le han sido más afines o le han llamado la atención por sus biografías: Virgilio, Dante, Manrique, Goethe, Leopardi, Rilke, Pound, Pasternak, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pessoa (Caeiro), Neruda, Montale, Cernu­da, Aleixandre, Torga, Paz y María Zambrano. Entre los temas, destacó «las ciudades (Florencia, Venecia, etc) porque también son lugares del canto, como lo es la naturaleza». Y también, la «interrelación entre las diversas artes, especialmente la pintura y la música. La música es una de las condiciones irrenunciables de la poesía, a la que podemos desposeer de casi todo (imágenes, rima, incluso, "sentido” pero nunca del ritmo».
     En cuanto al título de la obra, señaló que con «sentido primero, me refiero a originario, porque la poesía rebasa lo meramente literario: está muy unida a la experiencia del ser». En ese contexto, Colinas afirma que «no se puede ignorar la impronta de la tradición y de los clásicos», en la medida en la que se continúa «un canon de belleza en el tiempo».
     Advierte el autor que hoy día, quizá, se ha extendido «un concepto muy fotográfico del poema, como si éste fuera un testimonio fácil de la realidad, por el que pierde su carácter de vía de conocimiento, como lenguaje que sana y salva». Colinas apuesta por «el compromiso del escritor con su soledad, pues le es necesaria para escucharse y proyectar» esa experiencia interior.

 

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