RECORTES DE PRENSA
Cien años de "El canto errante"
Alberto Acereda
ABC CULTURAL, 29 DICIEMBRE 2007

 

    Hace ahora cien años España vivió en lo literario un año magnífico para lo que fue el triunfo definitivo del Modernismo. 1907 supuso el año fundacional del órgano modernista Renacimiento, revista publicada por Gregorio Martínez Sierra. En aquel verano de 1907 Antonio Machado culminó la revisión y posterior publicación de Soledades, Galerías, Otros Poemas y Unamuno entregó a la imprenta el tomo original de sus Poesías. Para 1907 habían aparecido ya algunos de los mejores libros del Modernismo. Aquel año vio también la publicación de la segunda edición del espléndido Cantos de vida y esperanza, de Rubén Darío, así como la recopilación de sus crónicas periodísticas en Parisiana, aparecido en la librería madrileña de Fernando Fe. Darío se hallaba entonces en una situación económica que requería agilizar la publicación de otros escritos.

LIBERTAD POÉTICA.
      Celebramos ahora los cien años de un verano ajetreado para Darío que le acabó llevando a publicar en Madrid, ya en octubre de 1907, El canto errante, verdadero testimonio de libertad poética dariana. Un siglo después, y con honrosas excepciones editoriales como la reciente edición de Ricardo Llopesa en el Instituto de Estudios Modernistas, este poemario de Darío sigue sufriendo un lamentable olvido crítico. El volumen que con esfuerzo publicó el editor M. Pérez Villavicencio aquel 1907 supuso un broche de oro de Darío y del Modernismo literario en España, así como un pórtico abierto para las incipientes vanguardias hispánicas. El canto errante muestra a un Darío moderno, muy lejos del preciosismo exotista con que algunos lo atacaron y lo siguen atacando.
     Por ello debe insistirse en la necesidad de seguir investigando más sobre Darío. En lo que a este centenario libro toca, sólo ya en su prólogo «Dilucidaciones» hallamos algunas de las mejores páginas en prosa de Darío como prefacio confesional y como respuesta dariana a sus opositores. En la mezcla de su respeto por la tradición y su búsqueda individual de la libertad en todos los órdenes de la vida se halla un documento inconfundiblemente moderno. El resumen final que establece Darío de la condición universal del Arte resulta hoy igualmente válido.

ALTO VUELO LÍRICO.
      A esto cabe añadir el valor de los poemas seleccionados por Darío para este libro, desde la composición que abre la serie («El cantor va por todo el mundo...») hasta «Los piratas». La vigencia de Darío y el alto vuelo lírico de El canto errante en medio de la agitada polémica modernista puede también estudiarse al hilo de contenidos como el misterio de la reencarnación propuesta por «Metempsícosis», la herencia hispánica de «A Colón», el sano legado indígena de «Tutecotzimí», el homenaje «Israel», el recuerdo gaucho en «Desde la Pampa», el hermético sincretismo de lo católico y lo rosacruz de «En elogio al Ilmo. Sr. Obispo de Córdoba Fray Mamerto Esquiú, O.M.», la elegía a Bartolomé Mitre o el sutil erotismo de «Versos de otoño» y «La bailarina de los pies desnudos».
    Junto a esos poemas aparentemente desordenados, hallamos una dimensión modernamente coloquial en ejemplares poemas como «Agencia», «Epístola», o una actitud meditativa y filosófica de genial hechura en composiciones como «Sum...», «Ehéu!», «Nocturno», «La canción de los pinos», y hasta homenajes profundos como «Antonio Macha-do».
    A la luz de lo que fue la gestación y publicación de El canto errante, unida a su fundamental prólogo y en el marco de todo un amplio debate sobre la cuestión modernista es posible entender la importancia fundamental de este libro y de Darío para el proyecto modernista. Uno y otro sirvieron para probar que el Modernismo había ya triunfado en España y en el mundo hispánico. El canto errante, además, ayuda a constatar la tragedia vital de Darío y la salvación artística, personal y existencial que supuso la poesía para el nicaragüense. Un siglo después de las penurias darianas para publicar aquel libro, entendemos que El canto errante apuntaló las bases del triunfo modernista, abrió el camino para la poesía posterior y zanjó cualquier duda, si es que quedaba alguna, sobre el papel fundacional de Darío en la historia de la lírica en lengua española.

    


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