Sobre

la mesa, estos folios escritos que cuentan
una minúscula parte de la historia de tu existencia, 
esta pelea ridícula por darte una vida de mariposa, 
un soplo mínimo y bello:
— No sé hacer otra cosa, disculpa.

Este proyecto editorial que te imagina ardiendo
entre unas manos desconocidas, ascendiendo
hasta las mismas entrañas del corazón del lector, 
apagando la sed de la fuente de las lágrimas; y con él, 
el deseo apremiante de que crezcas 
y te afinques en la tierra recordada:
— Ya te veo convertida en aquel hermoso árbol alto,
ya degusto el fruto embriagador que ofrecen tus ramas [delicadas...

Olvido Cifuentes ha de esperar
un poco más para llevarte con ella:
— Esta es mi venganza.


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
TERCERA PARTE
Las estrofas del mundo que ya no es tuyo