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Sobre
la mesa, estos
folios escritos que cuentan
una minúscula
parte de la historia de tu existencia,
esta pelea ridícula
por darte una vida de mariposa,
un soplo mínimo
y bello:
— No sé
hacer otra cosa, disculpa.
Este proyecto editorial
que te imagina ardiendo
entre unas manos
desconocidas, ascendiendo
hasta las mismas
entrañas del corazón del lector,
apagando la sed
de la fuente de las lágrimas; y con él,
el deseo apremiante
de que crezcas
y te afinques
en la tierra recordada:
— Ya te veo convertida
en aquel hermoso árbol alto,
ya degusto el
fruto embriagador que ofrecen tus ramas [delicadas...
Olvido Cifuentes
ha de esperar
un poco más
para llevarte con ella:
— Esta es mi venganza. |