|
...So
el arco de mi
cejo,
dos ojos de
un ver lejano, escribe el poeta de los llanos,
el hombre machacado;
y fue en aquel
instante único,
en ese momento
irrepetible en el que el amor dolorido
derramaba la lágrima
doscientos treinta y seis,
cuando la verdad
de la pérdida arañaba la puerta cerrada
y maullaba enloquecida,
no otra cosa ya por aquel entonces
que un gato negro
de fieros ojos de cristal amarillo.
So los montes
de Vizcaya,
yacía
el corazón mío, clama Basterra,
fijos los ojos
en la lápida que oculta su dolor,
mientras lee aquellas
pocas letras que declaran el silencio
de aquella boca
amada, el último día de febrero de aquel año bisiesto,
bajo aquella llovizna
que empapaba la tierra y no apagaba
el fuego que aún
arde, ahora brasa en mi pecho,
cuando sus versos
me traen tu recuerdo.
So estas letras,
vosotros, estos cinco espectros
aunados por estas
palabras pobres; y también nosotros,
los que habitamos
aún este hueco llamado presente,
este agua que
se escurre entre las manos,
sujetos a la galera
de la carne que nos separa de ese espacio
natural que nos
aguarda.
So estas estrofas,
sí, deseando tu lectura. |