Sin
ti se nota más todavía la distancia
que nos separa del mundo exterior;
imaginamos estar fuera de él,
presos en una sala de silencios,
cual si un juez impenetrable nos hubiera condenado 
a la soledad verdadera.
.
Sin ti tu esposo percibe mejor aquel muro de cristal 
blindado, no otro que el que pintaban los niños en el aire, 
el mismo que dejaban luego suavemente apoyado en el tronco 
de un árbol, en cuanto se daban la vuelta y emprendían el mareo 
de sus carreras y sus fantasías: ¿recuerdas?,
cuando lo trataban de usted y se les notaba en los ojos 
que veían en él al hombre maduro tirando a viejo 
que nunca creyó ser.
.
Ahora hemos perdido incluso aquellas ganas de jugar, 
las que nos aguantamos por aquel miedo tonto al qué dirán;
ahora sentimos que vamos de invitados a un banquete no deseado, 
que somos la maleta olvidada en un tren que no es el nuestro:
y creemos ciegamente que la vida ha sido una farsa grotesca, 
cual la burla despiadada de los espejos convexos en las casetas de las ferias.
.
Que hemos de morir lo supimos siempre, 
pero no que era tan terrible.
Que la amábamos también,
mas nunca intuimos ni intuiremos la medida; 
porque el dolor se alarga y persiste y no nos deja 
otra salida que el llanto.

OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
TERCERA PARTE
Las estrofas del mundo que ya no es tuyo