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Hacia
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estos versos que has leído, que lees,
que seguirás leyendo, caminamos.
Nada importan ya los días pasados,
las horas del presente,
los años futuros. Sólo
brillan, y cada vez menos, estas páginas
escritas que como todopoderosos dioses
van quebrando
nuevamente los cientos de cristales
refulgentes que tú
nos dejaste con tu partida.
Únicamente indiscutibles son las
páginas en blanco
que esperan la venida de los verbos,
de esas voces exactas
que aguardan en otra parte, en otros
papeles escritos; a lo mejor,
en la misma sombra equivocada en la
que simulamos existir.
Démosle paso pues a esta historia
falsa, imaginemos
una aproximación a tu existencia;
dejémonos llevar por la banal
idea que nos mantiene en la posibilidad
de la aprehensión del yo.
Intentemos nuevamente el enclaustramiento,
acerquémonos
al campo cerrado de las palabras. Rindámonos,
abandonémonos,
que posiblemente ahí radique
la única verdad,
la evidente esencia del pan que nos
sostiene en este límite desafortunado llamado vida. |