Entre
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los versos de la historia, que quisieron vestirse 
con el lienzo de la objetividad y no supieron,
entre aquellas palabras, que únicamente los reflejos son 
de aquella otra verdad que escondía tu presente, navegas...
entre esas palabras que encierran el espacio de los poemas
de después de la historia de los versos, digo.
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Y subes, y bajas, como un pez inexpresivo:
allí rebotan en ti las diferentes luces mustias con que los fonemas
quieren mostrar tu esencia; allí yo veo este rayo de luna 
evanescente tras el que sigo corriendo, ya yo aquí abajo, 
bajo las sombras negras de los árboles, en esta oscuridad, 
en este bosque de apariencias y de Olvido Cifuentes, 
la mujer que transporta entre sus brazos la vasija 
de los recuerdos arrinconados en los gateros.
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Aquí sigo, sí, en este mundo que ya no es tuyo,
cegado por las luces de esa infinidad de cristales rotos 
que devuelven siempre la misma imagen inacabada... 
Y se va llenando el infinitesimal presente de vestidos 
joycianos rasgados, y se va uno mutando en pluma arrastrada
por el viento; y, finalmente, vas y descubres que nada 
será ya jamás idéntico a nada y que todo se reduce, 
afortunadamente, a ese líquido absorbido por la tierra 
que baja hasta la profundidad agotada del planeta, 
no otra cosa que un huevo flotante
en la inmensidad de un mar de fuegos.
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Entre esas llamas aparentemente eternas, sí;
pero tú, yo, y el que sostiene el libro entre las manos, 
no somos los ojos que las miran, ni el aire que las sostiene,
ni la luz y el calor que despiden,
y tampoco la misma masa gaseosa
en combustión, ni el árbol que se deshace bajo la fuerza 
incontenible de la destrucción. Acaso sólo somos un joven poeta 
abandonado que llora y busca y no encuentra
la llave de la puerta: únicamente ese paso cerrado, 
ese mundo al que queremos entrar
y del que sospechamos incluso que no ha existido nunca.

OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
TERCERA PARTE
Las estrofas del mundo que ya no es tuyo