Desde
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el cielo despejado decías que bajaba
la luz sosegada de la luna,
y que el titilar silencioso de las estrellas
era como la réplica danzarina de Lo Alto
a la emoción contenida de tu esposo que hablaba, 
que hablaba, que narraba, que inventaba:
resucitaban los enamorados versos cadenciosos 
del viejo vaso de vino.

Pero tú todo lo veías arropado por esa claridad 
devastadora de las noches de estío;
tú, que todo estaba tomado por esa irrealidad imprecisa, 
ese duermevela en el que el ogro indefenso llora 
y espanta el sueño... Que en esa capa únicamente negra 
de la noche, todo escondido, allí en donde el roce 
tenue de los escarabajos, bajo las mantas traperas, 
sobre las pajas de las eras, se muta.

Desde aquella noche al raso,
bajo el viento caliente que cimbrea tus cabellos,
cuando yo era solamente un proyecto,
acaso un peculiar deseo incontenible,
vienes al momento de estos días ajenos a ti en los que escribo. 
Y adviertes que también nosotros bebemos
del dulce néctar del espejismo; en tanto que ella, 
la vieja puta inmóvil, sonríe, sonríe ... candela.


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
TERCERA PARTE
Las estrofas del mundo que ya no es tuyo