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. ella vino la confusión el mismo día del viaje. El marido la reclamaba; también, la angostura de los valles verdes y los cielos grises. La inocencia no supo indicarle que dejaba la amplitud de su tierra para siempre, aquel pedregal de la sierra, la cueva materna, aquel agua clara de la laguna, su cielo azul, aquella torre de la iglesia que amenazaba con dejarse caer cualquier día sobre cualquiera. —¡Cuanta esperanza, cuántas
promesas, entonces,
Siempre creí que en las minas
de carbón las monedas brotaban
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OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD |