EL CAMINO, LA VERDA, LA VIDA
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Si tú fueras únicamente
un cuerpo
tangible, no podría haber escrito
estas
historias, ni haber imaginado otras
muchas
que nunca tendrán ante sus ojos:
inocentemente, irse convirtiendo en
lobo
solitario y en huida, correr desesperadamente
en la noche, y acaso alzar un aullido
largo
y agónico que inventara El Camino.
Si tú no tuvieras adjetivos, ni
nuestra
esperanza espacio en El; si fueras
tan insignificante que no pudiéramos
irte
descubriendo... no habría más
frontera
que la frontera de la carne, ni más
soles
que el sol que nos ilumina. Sólo
la palabra
impronunciable tendría sentido,
y las lágrimas inútiles
la única senda posible hacia
La Verdad.
Si tú no nos parecieras mudable,
los hombres no seríamos lo que
somos,
y el calvario no presidiría la
mesa
de cada día. La existencia misma,
un tiempo estático próximo
al silencio.
Él y tú, la eternidad
inabarcable; y nosotros
los verdaderos caídos, la rama
desgajada.
Él y tú, en la quietud
de lo inmutable,
en la otra orilla verdadera, en La Vida. |