SÓLO CENIZA BLANCA O AUSENCIA
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La encina, un día en la esquina norte de la era; 
después, con las obras de la carretera, al sur
de las tierras de rastrojos. Hoy, acaso sólo ceniza 
blanca o ausencia: árboles hay que simulan quebrar 
su esencia misma, cual si esperaran demostrar 
que es posible el movimiento
o que el fin es enemigo ligero.
 

Tú extrajiste del recuerdo la mañana,
mil años después, en el paseo: sopas secas 
de pan y tomate, con frescos higos dulces; 
bajo su sombra os las comisteis,
entre la brisa que manejaba el volante 
imaginario del tranvía de la paja y el grano, 
el oído todo uno en la sinfonía de las ramas.
 

Cual esos árboles, los versos, los que se fueron, 
amarrados a la tierra oculta del hombre, 
más allá de la restringida perspectiva
de los sentidos. Bailan eternamente con esos otros 
espectros, los que nunca serán carne, 
los que te acechan entre las hojas cerradas
de un libro, amalgamados, esperando.
 

Tú también hoy ahí. Eres joven aún, 
me sigues acunando entre tus brazos, 
me besas y me abrazas con aquel frenesí 
de los últimos tiempos, cual si la seguridad 
de haberme perdido se resquebrajara; sigue 
tu piel oliendo a sal y tus ojos tristes mirando 
los mares rojos de la espera y la angustia.

Mas, porque puedo modificar ese mundo, 
que te florezcan siemprevivas en el pelo, 
en la boca una sonrisa serena,
en el corazón un amor eterno. Este es
el defecto de los finados y los versos; también, 
nuestro privilegio: como los árboles simulamos 
velocidades... y desplazamientos.
 


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
SEGUNDA PARTE
Los poemas de después de la historia de los versos