POETA PERFECTO
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Te creo verso
y no prosa,
no hombre ni mujer,
ni trucha ni can.
Amarme consiste
únicamente en plegarte
a la concepción
que de ti me he forjado;
tu misión,
entregarle al lector la imagen exacta
del martirio,
esa semejanza creadora de Él
que me impulsa
a la escritura.
Otra cosa es que
el lector te transforme en aire
o que la ciencia
te admita en su monitor.
Un papel defecado
por la pluma quiero
que sea tu territorio,
que constituya tus limites.
En Él te
has de asentar para transmitir lo que no se ve;
en Él,
para alcanzar lo que se intuye apenas.
En Él,
para poseer el cuerpo incierto de lo efímero.
Has de ser más
que la palabra y menos que la estrofa.
Deseo que lo vislumbres
en el templo, los domingos,
atado por la obligación
que te marquen los otros versos,
que llores de
alegría cuando imagines la unidad del poema.
También
que al alcanzar el sentido último
de tu existencia
pierdas el miedo, y que sientas
que estos mis
fantasmas son contigo un único cuerpo.
Las palabras que
te sostienen son engañosas,
el ritmo, un camino
torcido del enemigo;
cuídate
bien de mis deficiencias, que es lo peor.
Y ahora empecemos
diciendo que ella ha sido ajusticiada,
que ni el mundo,
ni el demonio, ni la carne
tienen ya poder,
que ella está con Él,
con el poeta perfecto
y sus versos que no entiendo. |