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. << Yo te imploraba. Vuelve, vuelve. Llorando. ¿Dime qué te duele? Preguntabas tú. Tú allí, la altura de una iglesia de demonios. Es todo cuento, todo teatro... Me decías. Además, de la fusca que es tu padre, no podía salir otra cosa que un incendio, un fracaso de las letras y de la vida que eres tú. Concluías. Entonces yo saqué el revolver... disparé. Y te canté una canción mientras morías. Pero si esa canción no me gusta. Gritaste. Ya ves, ya ves, la muerte. Dije>> . . Al despertar, me preguntaste la hora. Me dolías tú, la cabeza y una opresión en el pecho. Aún sentía tu desdén y mi impotencia. Imposible era el atraerte. Y sobre este amor que te tengo, la carencia de ti que me ata. |
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MULETA Y VIENTO |