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Como en las carreteras de montaña, voy lento.
Tras el papel, la tregua y la mudez: pluma o lápiz.
Advierto sinuosas espirales colmadas de amenazas, bajo un túnel gris de árboles verdes.
Señalo tus acantilados con recelo, y allí en donde la muerte acecha, pongo una cruz.
Sé que sólo la contienda me espera, que ésa es la muerte y la vida que Tú me das.
No me importa porque soy la corriente, y mi deseo no otro que el mecerte.
Acaso llevarme tu perdón y vestirlo con título de mujer, Elena o Soledad, no sé.

MULETA Y VIENTO 
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Mundos cerrados