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La corriente se escapa del origen. Las aguas subterráneas gustas espacios abiertos. De la campiña, y del sol: el viento en la cara. . . Nada de semioscuridades gratas, nada de silencios reflexivos, nada de alimentar el vacío interior: muerte a la palabra. . . La arboleda se refleja en los meandros del llano. Y así tú, desde el mimbre de tu butaca - quietud vegetal - te licúas lenta. . . En la pupila gris de los paseantes del domingo sólo ves que levantarse, guisar, fregar, esperar: gritos del vientre de la tierra madre. . . Navega ahora sobre las calles mojadas, ahora que en tu terraza con barrotes escuchas la voz vacía y el trasiego: la luz añorada. |
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MULETA Y VIENTO |