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En el altillo está la ilusión.
Sus años., una cifra pequeña.
Ya imagina su silla de ruedas
distinta... y cuando se desplaza
la cabalgada del general.
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¡Adelante, los infantes! 
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No advierte las tablas carcomidas,
ni las sombras abrazar los rincones.
Las telarañas cuelga. Los ruidos
nocturnos de las ratas comiéndose
las polillas viejas se amodorran.
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¡Adelante, los infantes!
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Soldados de plomo en formación.
Hazañas sin gritos. El dolor
y la sangre huyen y componen
la leyenda negra de la guerra.
La infancia todo lo disculpa.
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¡Adelante, los infantes!
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Se acaricia las piernas dormidas.
Siente el griterío de los otros.
¿Cómo será la escuela?, pregunta.
Y lentamente se precipita
la lágrima que no encuentra el verso.
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Truena la voz que ilumina el mundo.

MULETA Y VIENTO 
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Mundos cerrados