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El pliegue, y en el dedo el apremio
dibuja horizontes perdidos,
los viajes que no nunca, amigo
silente.
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Si pudieras narrar
las otras existencias que hemos
dejado abandonadas - la senda
perdida en la elección abierta -,
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olvido y escritura. Las prisas
y el llanto entenderías; también de
nostalgia y del volvernos a casa
y nada
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de aquel que emborrachaba:
paredes que se caen, fantasmas
del ayer que se esconde. Mas tú eres
también de la derrota y no sabes
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que el viento acabará trayendo
el polvo, y que él es la muleta
que baila con el todo fiero:
La Historia.

MULETA Y VIENTO 
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Amigo silente