|
|
|
. .6 Del verano el atardecer, cuando la luz no termina de sofocar los cántaros grises del ocaso y el horizonte es naranja y rojo. La batalla que va entablando el ángel muerto de la tierra con el cornudo del cielo acaba. . . Y la noche se ensancha en el mundo de monedas quebradas que el poeta celebra, bajo la luz extinta de la silueta larga y el olmo alto. Los tilos sobre el llano y el son de los vientos en las ramas, que se cimbrean y acaso olvidan. . . En ese preciso momento, cambia todo... y nos brotas. No se te siente, pero estás allí. El reflejo de estas frágiles vidas nuestras que tenemos va entrecortando el aliento y nace. No tienes ninguna imagen clara, ni un ritmo. . . Indefenso. La magnitud de tus alas corta las leyendas que nos contaron: sólo trocitos de confeti abandonados en las aceras. Formatea que el corazón se detiene y gime y que la lágrima... mudanza es de sal a la boca. |
|
MULETA Y VIENTO |