12
. 
. 
.6 

     ¡ Hace frío en esta tierra ! O quizás sólo es la muerte que, sobre nuestros hombros, posa su mano de calcio, de sangre y de carnes que fueron omitidas para siempre. 

     En las chabolas y entre los escombros, brotan fuegos con humos blancos. Y en los potes oxidados de la abuela, se calientan las sopas de raíz amarga; pero hay otros incendios ... mas sutiles.

    Ahora sé por qué esta gente parece mantenerse de la brisa, camaleones del hielo y la nieve. Es la hoguera del odio que abre el mar de algodones, y sus llamas las que calientan la tierra bajo los pies doloridos. 

     Sólo de esa espada temo. ¡¿ Qué acento sombrío trae tu voz !? No otra crónica que ser indemnes al ocaso; no más que corona seca sobre la losa a la sombra apacible de la cruz de roca.


MULETA Y VIENTO 
2
Las tres voces