Muchos caminan mirándose los pies.
Contemplan su soledad en unos zapatos.
Otros se esconden detrás de lo que pintan
o pintan para no esconderse.
Algunas cosen dobladillos
en una salita,
y mojan el hilo
y suspiran,
y a través el ojo de la aguja
dejan escapar sus sueños.
Unos cuantos se ponen en huelga
contra la vida,
y se dejan caer
o arrastran un carrito envuelto en plástico.
Un buen puñado escribe,
rastrea palabras,
las coloca,
para finalmente decir
cosas como esta:
El lenguaje es una dulce trampa.
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