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Reportaje
Está usted en el espacio internaútico de Miguel Ortega Isla.....

Presentación del libro

HISTORIAS INCREÍBLES
de Miguel Ortega Isla


SALÓN DE ACTOS DE LA BIBLIOTECA MANUEL ALVAR
22 de noviembre de 2007


 

 

 

PALABRAS DE SANTIAGO SOLANO............

      Miguel Ortega Isla escribe ficción, es decir, nos narra cosas que él no ha vivido. En su memoria crece el eco de los pasos de un único personaje que se multiplica, suena el ritmo indestructible de la imaginación que no llegamos a vislumbrar nunca completa, camino de una puerta a la que nunca llegaremos del todo, tal y como dicen los versos de Eliot. Nunca entraremos en la rosaleda en la que habita Miguel, en ese espacio tupido del escritor verdadero. Nunca jamás…; porque Miguel no escribe para contar lo que ya sabe, sino para saber lo que tiene que contar, para que nosotros descubramos lo que él rememora mientras está así, aparentemente inmóvil, con las manos volanderas sobre un teclado de marfil y plata.
      Los arrebatos de la verborrea innecesaria en Miguel no existen; en él sólo se descubre el resultado posible que fluye entre la constancia y el azar, sólo el ir y volver entre la premeditación y lo inesperado. Dice Javier Ribas que algunos novelistas trabajan con una brújula y que el mapa se hace mientras progresa el viaje. Éste es el caso de Miguel, él es esa brújula que va creando el territorio, de la misma manera que los dioses de los nómadas iban creando el mundo con su canto mientras caminaban, según le explicaron al mismo Miguel los aborígenes de Australia.
      Ortega Isla recorre el mundo como un explorador de otro siglo, con una única idea en la cabeza: dibujar el mapa de su literatura. Un mapa por otra parte que exige lugares próximos al pálpito humano, de folletín decimonónico podríamos aventurar; y sobre todo, un mapa aliñado con una permanente sensación de extrañeza. Da igual que aparezcan en sus textos paraguas sin manos que los sostengan, bajo una lluvia que no se acaba nunca, o que Ana Karerina se apoye en el brazo de Don Quijote de la Mancha para besar el Péndulo de Foucault, “en una noche que descendía lenta, suave y plena de ternura sobre los tejados de París”, o que Ambrosio, el de la Benita, estuviera presente aquel día en que “la Tarde se negó a caer, como era su diaria obligación”, y la luz se prolongó en una huelga de claros de luna, o que el alfil de la dama fuera arrollado por un coche en el mismo momento en que Don Miguel se atreve a mirar a los ojos de Evangelina que se mueren de amor en aquella otra acera prohibida en la que los sueños siempre son posibles… Da igual, sí, el mapamundi de Miguel equivale siempre a las páginas en blanco de un alma sin sosiego, al renglón torcido en el que se admira un corazón próximo y amigo.
      En éste libro que hoy nos presenta Miguel, HISTORIAS INCREÍBLES, el tiempo se fosiliza en una historia de andar por casa. Es más, esa historia pequeña se transforma en otro país, en otra luz y en otros días en los que bien hubiera podido vivir el mismo Miguel, y por ende todos nosotros. Por eso al leer este libro hay que ir como el viajero medroso, hay que ir buscando los trazos, no de una historia trillada, sino la de un relato construido con la solidez del metal. Hay que ir con paso medido, procurando identificar los lugares en donde pudieron ocurrir las cosas que él mismo se ha inventado y que ya son parte y sustancia de toda la indestructible empatía humana, algo así como el aire nuevo y a la vez añejo que ahora respiramos. Aquellas imágenes en blanco y negro de la invención toman color, se dimensionan, se compactan, y, al final, como todo lo vivo, se convierten en algo que palpita en la insondable oscuridad del cosmos.
     Y sobre todo, y con esto termino, este libro hay que leerlo con la certeza de que estas cosas existen porque Miguel las inventa, sólo por eso. En su memoria, los minutos del presente de aquel entonces están preservados igual que una burbuja de aire o un grano de polen en un fragmento de ámbar.
     Luego, cuando las luces de la literatura de Ortega Isla se apaguen, salga usted a la calle, deje el libro solo, con sus certezas y sus ausencias, y podrá ver que el Madrid que pisa es el paisaje primero de su niñez y el de su pubertad; y cuando se siente a descansar y a pensar, alimentado con las historias de Miguel, seguro que lo leído en estas HISTORIAS INCREÍBLES se transforma en sólo, y en nada menos, que el recuerdo íntimo de algo que sucedió en la infancia lejana de cada uno de nosotros.
      Muchas gracias.

 

Madrid, 22 de noviembre de 2007