La poesía de Lola Martínez es un guiño a la libertad. Desde sus primeros libros, la poeta nacida en Tobarra (Albacete), que forjó su verso y sus voluptades amarillas a la luz de la ciudad de Valencia, nos ofrece un canto comprometido y transparente, un espejo humano donde se reconocen diversas lunas: la nostalgia, la serenidad, el placer, el misterio, la rabia, la sensualidad, la entrega. Sus palabras tienen piel.
Los libros de Lola son travesias vitales por mares que dejan su huella en la desnudez del alma, trayectos irrepetibles que suplen a los mapas, mareas de sentimiento con la mirada blanca de la espuma, cuando los sueños se derriten al sol de la realidad.
Lola ama lo que la rodea y su escritura señala la direccion de los vientos que tocan el corazón del ser humano. Nos provoca íntimamente y nos plantea incógnitas que sólo los cuerpos y el amor son capaces de despejar.
En sus poemas, vemos una crónica de la sensualidad cotidiana, de la búsqueda del amor entre serenidades y cataclismos, tambien plantea la premisa, de que escribir un poema es, ante todo, lanzar un mensaje, y sus versos claman un mundo diferente, con unas relaciones justas y la paz entre las personas y las pueblos.
Adentrarse en el universo poético de Lola es recorrer una distancia que nos acerca lo esencial, como el vuelo de una gaviota en el mediodia gris de nuestros ojos, a la deriva de cualquier viento.
Marisol Gonzalez Felip |