 |
Este caminar, instalado más allá
de los decadentes mapas,
se alimenta con estribillos
en escalas de cinco notas,
junto a un grupo de gotas de agua
cantando flamenco sobre mi nariz.
La avenida ruidosamente larga
viste a sus árboles de faralaes
para soportar cómo les escudriña el calor.
No hay quebrantos en la calles
ni subterfugios con aire acondicionado,
sólo sigues adelante,
comiendo colores,
cantando salmos a las orquídeas,
creciendo en curvas de sudor,
haciendo farolillos con dólares de software. |