
Fotografía de Pilar Allué |
Saigón
Como todos, la calle
también esta borracha de humo,
intentando llegar a tiempo
para ver prenderse la luna
entre miles de estrellas oblicuas.
Peculiar es el tiempo aquí,
compacto e increíblemente repleto
como el ballet de sidecares y motocicletas
imposible de retener por ninguno de los sentidos;
a la vez perviven una calma color rosa
y una ondulante escena de música.
En el hueco que se abre sobre la tela del aire
aparece un niño regordete de mofletes rojos,
haciendo equilibrios sobre un búfalo
artista del teatro de marionetas de agua.
También hay personas jugándose la vida
al cruzar el semáforo frente al templo,
esperando a la noche azul oscuro
tomando sopa de flor de loto
cocinada con pasta de arroz y aroma de te verde.
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