Por las mañanas, desde la niebla,
un aire solemne
vierte siluetas atormentadas.
Aparece entonces
la gran variedad de los genios
guardianes de la noche,
seres irreales que recubren el horizonte
jalonando los misterios sin límite.
Alguien entre la claridad y la sombra dibuja el mapa,
traza los límites,
se empeña en sobrevivir
y nombra a la locura hermana. |
Acaricié aquel rostro
y comprendí que nunca tuvo líneas,
ni márgenes, ni estratgias;
que era puro y árido
como el desierto de todos los cadáveres.
Tomé el radiotransmisor y grité:
¡Sin novedad en el rostro! ¡stop!
¡Sin novedad en la vida! ¡stop!
¡Aquí nadie rié! |
Todos quieren saber
Cuánto tiempo me queda de espera.
Como cada día, hago un receso en el oficio de matar
y acostumbrada a los golpes ajenos y propios
me lavo las manos ante la masa y tiro el agua sucia
sobre sus cuerpos,
sobre sus vidas,
sobre sus esperanzas.
¡Cuánto tiempo me falta!
Con mis propias manos estrangularé la espera
Cuando me pueda quitar lo grilletes. |
La fuerza de lo primitivo había olvidado
la razón de la naturaleza de la vida,
y en el rincón negro del futuro se unían los extremos:
es la danza de la muerte.
Todos eran iguales.
No hay diferentes siglos ni culturas
ante un cadáver que pueda demostrar lo inútil .
¿Quién descansa en paz?
¿Descansar en paz en pie de guerra? |
No sé de qué país tus noches y mis díasnserán.
En medio de un océano de miedo
poco siento cómo sobrevivir.
Mis hombros siguen cargando listas
de nombres y apellidos sin fronteras,
números muertos que se suceden
atropellados por el horror de los renglones,
cifras perdidas, descuartizadas fórmulas estadísticas.
No sé de qué país serán los hombres
que inventan las banderas, los escudos, las miserias,
el exterminio, la muerte, la nada. |
La incertidumbre se sentó a comer conmigo,
frente a frente,
sin saber qué decir.
En este campo de batalla cada cual arrasa
con las mejores miserias ajenas
hasta vaciar la boca seca del estómago del mundo.
Sacar la mejor tajada del conflicto
y masticar la inmoralidad a bocajarro
aunque te partas los dientes.
En bandeja de plata el dilema y la impotencia.
Todo estaba servido muy frío como la buena venganza,
¡Que llevarme a la boca que huela a ser humano todavía!
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