Quizá te olvide
cuando tu cuerpo de luna
se pierda de noche
en mi bosque de quejas;
o tal vez,
como en los días de luto
aguante algún suspiro
arrimado
a mis cansadas sábanas.
Cuando la nada sea nada
y la verdad sea mentira.
Cuando al mirar la etiqueta
vea tu código de barras
caducado.
Cuando tu cuerpo de nubes
se disuelva,
se esparza,
se desgaste,
se extravíe,
lo borren los desiertos
de la memoria inútil de mis días.
Quizá te olvide
cuando el Alzheimer me ayude
a no saber siquiera
cualquier significado de tu nombre. |
Vino del desierto
a espolear las horas,
disuelto entre las dunas
como el guiño de un beso.
No lo reconocí.
Apenas entró en mi noche
sin lunas, sin estrellas
y le hice el hueco justo
por la misericordia
o mi propia impotencia.
Lo dormí en mi regazo
como a un ángel caído,
y… le robé una sola mirada,
aquella que guarda sus arenas blancas
y el calor de sus brazos. |
Recorrí toda la trama de su cuerpo
esperando un pozo olvidado donde descansar.
Era el cuerpo del delito.
Un invento quebrado.
Una amalgama
de colores no reconocidos.
Cruzó sus piernas
y araño el centro de la metáfora.
Eran muy largas, morenas, firmes….
como aquellas sentencias de muerte
que han de cumplirse
sin más apelación que un abandono,
cualquiera.
Y las orejas negras recordaban la muerte,
¿era la muerte
inventando encontrar al sol?
Algo que se podía evitar
entre sus brazos-pense-
por eso,
eso lo aprendí con los años,
cuando el amor se fue
entre cuerpos inútiles
y malogrados sueños. |
Tenía los ojos de la lluvia
y la misma inconsciencia.
Recorría cada línea de mi nombre
con los labios más puros.
Anocheció los días
que me robó,
lo único que no podía comprarme.
Y como el ave de paso
me arrebató los paraísos
de unos besos prestados.
Ah, cómo recuerdo el tacto
de las flores de bronce
y las copas de piedra,
las muñequitas de trapo,
su mundo hecho de isla del tesoro.
Cómo me sumergí
En todos sus océanos invisibles
queriendo ver el fondo
de aguas cristalinas.
De qué manera olvidar ese amor imposible
si aún conservo su respiración
en esa foto vieja
que casi nunca miro. |
Llegas muy tarde,
cuando ya no tengo tiempo para amarte,
ni el deseo de bajarte ninguna estrella azul.
Llegas con el amor templado de los años
y mis pasiones vencidas por los sueños.
¡Si fuera otro el tiempo y otra la distancia!....
Me pegaría a tu piel
y exploraría cada arruga de tu mapa,
no dejaría pasar
la mínima línea de tu cuerpo
sin bebérmela mil veces cada una,
sin dejar de robarte con la boca
los años uno a uno.
Abandonaría mis manos para siempre
en tu pelo canoso y demasiado fino.
Y hasta me arrancaría el corazón
para dejarlo
en cualquiera de tus bolsillos olvidado.
Llegas muy tarde,
tal vez por eso,
sea mejor así. |
Tengo los ojos llenos
de desiertos extraños.
Hago malabarismos.
Tanteo la forma
de guardar el equilibrio
de la materia y los eclipses
de mí misma
sin poder sacudirme
un solo grano de arena.
Arrastro las cadenas,
sujetas al filo del horizonte
y a la pestaña de una luna,
sin poder explicarlas,
sin comprender
el destino de las dunas
y esta sequedad en la boca,
aún así, sigo,
sigo con disciplin y obediencia
los caminos del agua
y los mares de arena.
Y hago lo posible
de no caer en la tentación
y de cumplir la penitencia antigua
de un karma mal trazado.
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