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MUJERES POETAS
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Berbel


APOEMAS DEL ALBA ESCARLATA
Editorial Ronda (Barcelona 1984)

Para quien sea

  Desde las azoteas del llanto
grito los silencios
y callo a gritos…,
mientras muelo las ausencias
de mis ojos
y derrito la mirada
                   a tu paisaje de gaviotas.
Extensamente. Inmenso.
Se me derrama una oración
y un canto,
un amor infinito
por la vida,
para volcarte
en un poema
quieto
lleno
sencillo
hecho lineas…
…cien siglos de silencios.

Porque si

          Amortizable el sentimiento
o a plazo fijo
             espía del sentido
             de los latidos quietos
teorema del orfebre de la ortiga
orilla integrales del amor
friso, línea y parabrisa de mis tardes
lluvia desencajada como sables de esperas
cuelgan de tu balcón
la paradoja de los rizos de la noche
los títulos de rones y de tragos
las toneladas de ternuras desplegadas
rodeando cada tomo de dolor
metros de briznas
injertos de cien brazos
sonrisas de bombillas es…
                       …tu recuerdo
                       …tu voz entre mis labios
en el hilo infinito de mi beso.
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             A la vuelta de la historia,
aquella que no estaba  grabada en el destino

   A los suplicios niveos
que enmarca el dulce lienzo
se fue a llorar el lomo de la luna
por allá de los verdes esmeraldas
y los cobaltos grises…
en los silencios del blanco
y sus atmósferas
las flotantes figuras de los violines.
   Chagal me sigue acariciando entre tus ojos.
Yo no sé qué destinos
ni que historias
yo no vengo ni voy
entre el aceite de linaza
y aquellas trementinas
el óxido de zinc
el bastidor dormido
el engrudo
un pincel que bosteza
la paleta que late
un caballete quieto
allá en la hierba…
…y hoy…
hoy sólo soy un punto en la linea
entre un abismo
que la belleza araña a cada hora.

El mensajero de los presagios sin fines

      ¿Cuándo será el momento?...
El aire sólo sabe de suspiros.
          Cantaba el mar
la mariposa de cadenas
de oro de ley
de gris marengo.
La amapola. La risa.
Quedábanse en la ausencia.
Un día resultó que llegó un transeúnte
y la espera de siglos
se hizo miles de cruces.
        ¿Dónde el mar?...
…a las nueve
…a las diez
…a las once
          Pero aquellos, los oídos,
quedaron sordo-mudos
en los estanques.
         Me mantienen. Los mantengo.
El miedo siempre es causa de un antojo.
Mi corazón: la única razón del sueño y
el cataclismo sin limites de
mi esperanza.

 

 

© Lola Martínez 2007