Posaste tu beso sobre el lirio
y acarició tu piel el reflejo del alba.
El nombre olvido
es la herencia de tu padre,
desconsuelo, la de tu madre.
Cuánta promesa se anida en la sílaba.
Ahora tu voz se llena de vacíos.
¿Sabes el por qué de tu existencia?
¿De tu soledad que se parece
a las ruinas de una iglesia?
Ante sus ojos sólo fuiste raíz sedienta,
apenas un hálito de aire colándose
en astillas.
Fuera del mundo te nombraron. |
Tus ramas encienden
racimo de soles,
y espirales de ópalo
ascienden como rezos.
Mujer árbol,
en tus ojos la noche se aniquila.
La memoria del romero
te llama con su voz antigua.
Canta
con el primer lenguaje de la noche. |