SI VIAJA LA MEMORIA
desciende la marea hasta mis hombros,
hasta la gravidez del cuerpo párvulo.
¡Qué lejos parecían
los años codiciados
de las edades frías!
El sueño de la infancia
se hace entonces enigma.
Es todo tan cercano
que no logró medir la diferencia
que dista entre los ciclos
del ayer y el ahora.
Así transcurre el tiempo,
como la luz, callado,
tejiendo en espiral
el instante pasado.
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EN LA FLORESTA CLARA PERMANECEN
parcelas de la infancia,
puedo andarlas a ciegas, basta seguir
los rastrojos en llamas,
la hojarasca de un abril acabado,
el humo que recorre
por delante el camino,
que impregna los sentidos,
de humedades lejanas.
Basta dejar que el aire
sienta la cicatriz de la memoria,
donde el olor espera
diáfano en la ausencia.
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