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...En resolución, él se enfrascó tanto en su letura,
que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro , y los días
de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se
le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele
la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así
de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas,
requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele
de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina
de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él
no había otra historia más cierta en el mundo...
(capítuloI)
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