Carolina
Sevilla, Directora de la Biblioteca Pública, presenta a Gloria de
Frutos.
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Dentro de los actos programados en “Les trobades d’animació a
la lectura” convocadas por la Biblioteca Pública de Valencia,
en la que participan Editores, Bibliotecarios, Profesores, Animadores culturales,
etc., fui invitada a dar mi opinión sobre el tema, como lectora
que es lo que soy ante todo, y como usuaria de esta Biblioteca, que este
año celebra su 25 aniversario.
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ESTAS FUERON MIS PALABRAS
He titulado la charla “Adicción al libro”, aunque realmente
de lo que quiero hablar es de la manera en que personalmente he ido adquiriendo
unos hábitos lectores importantes para poder desenvolverme en el
tiempo que me ha tocado vivir. Pertenecemos a una sociedad, para bien o
para mal, llamada de bienestar, que en realidad se trata de una sociedad
consumidora de ocio que sabe muy bien la manera de crear hábitos,
necesidades, dependencias y adicciones de diversa índole. Hoy aquí
confieso públicamente mi dependencia total y absoluta a un objeto
tan denostado unas veces, incluso perseguido en tiempos pasados como el
libro.
Si, lo reconozco. Soy adicta al libro y no tengo ninguna posibilidad de
curación. Me viene de pequeña, ya saben, todo se proyecta
en la infancia, con la certeza de que lo que se graba en esa etapa va a
constituir la base fundamental en la que se asiente nuestra personalidad.
Debo ponerles en antecedentes. En mi casa había una pequeña
biblioteca, nada del otro mundo: una enciclopedia, algún diccionario
y novelas, muchas novelas. Había un espacio en la parte más
baja que siempre se encontraba lleno de ejemplares de “El TBO” “Jaimito”
“Florita” ”Tío vivo” “Pulgarcito”...y con ellos aprendí
a leer, casi sin darme cuenta pues lo hacía divirtiéndome.
En mi colegio también había una biblioteca, los libros eran
custodiados por monjas que llevaban unas tocas almidonadas que parecían
alas, ellas me orientaban a la hora de elegir las lecturas. Por supuesto
me empapé de todas las vidas ejemplares de santos y mártires
hasta que un día cayó en mis manos una edición reducida
de La Odisea. “Bueno”, dijo la religiosa, viendo mi interés
por el libro, y me lo llevé a casa como quien se lleva un tesoro
a punto de ser descubierto. Me entusiasmó la lectura de aquella
obra publicada en una edición juvenil y disfruté con las
aventuras narradas por Homero. Aprendí ya a esa edad el significado
de aquella frase que escuchaba a mis abuelos cuando me contaban sus batallitas
de “Aquello fue toda una Odisea” de modo que a partir de entonces les vi
de manera diferente, les vi como verdaderos aventureros.
Debo añadir que mis padres leían, les miraba en silencio,
pasando hojas ensimismados en la contemplación del objeto causante
de mi adicción. Mi madre, curiosamente, casi nunca cogía
un libro de nuestra biblioteca, ella “alquilaba” en el kiosco novelas de
Corín Tellado (llamadas novelas rosa) que luego cambiaba
por otras, previo pago de unos céntimos. (Lo mismo hacíamos
con los tebeos).
Es gracioso porque a veces mi madre me pedía que mientras ella planchaba
yo le leyera en voz alta la novela, ya que estaba muy interesante y no
podía esperar a saber el desenlace.
Pero lo que realmente decidió mi verdadera dependencia del objeto
al que me refiero, fue una prohibición de mi padre. Me señaló
la estantería donde reposaban los ejemplares perfectamente ordenados
y con aire serio me dijo: “ De aquí para abajo puedes leer los libros
que quieras, de aquí para arriba...ni se te ocurra tocar ni uno,
¿entendido?”.
Claro que lo entendí, el primer libro que leí era de la parte
de arriba, el que estaba más alto :”Al Este del Edén”
. Reconozco que disfruté por partida doble de su lectura, primero
al adentrarme en la historia magistralmente contada por John Steinbeck
y segundo por ser consciente de que infringía una ley impuesta a
mis catorce años por un padre demasiado preocupado por mi moral.
Esta anécdota me hace reflexionar sobre los motivos que nos hacen
llegar a la lectura, tan diversos y personales en cada situación
concreta. Por supuesto que no es en todos los casos de la misma manera
y lo que a unos nos favorece, a otros les puede perjudicar. Por eso resulta
tan difícil acertar con un método uniforme que beneficie
a todos por igual, cada uno llegamos por un camino diferente a la lectura
pues las motivaciones van en función de la propia personalidad de
cada individuo, del momento oportuno para el encuentro con la lectura y
de las circunstancias sociales de cada generación. También
hay que contar con que habrá personas que van a leer poco o nada.
Conozco a muchas personas que no leen nunca y cuando les he preguntado
la causa, la mayoría de estos no lectores, me responden que es por
falta de tiempo, otros echan la culpa al precio de los libros y sólo
una minoría declara abiertamente que no lee sencillamente porque
no le gusta.
Se trata entonces de crear hábitos lectores desde la infancia. Lo
mismo que se educa en hábitos higiénicos o alimenticios.
Y no existe receta mágica para atraer a futuros lectores más
que convertir el libro en un objeto familiar, accesible y por supuesto
ligado al tiempo libre en el que se disfruta de actividades lúdicas.
Cierto que la lectura es un hábito que exige una determinada disciplina
y en esta parcela, el ejemplo, tiene vital importancia en la formación
lectora.
En esta labor, los medios de comunicación, ejercen su poder condicionando
comportamientos y lo hacen como si se tratase de un sistema de regadío
que gota a gota de manera imperceptible van calando en los ciudadanos con
mensajes subliminales, creando un poso donde cualquier cosa puede arraigar.
Por ejemplo, en todas las películas americanas y series de televisión
siempre hay una escena en que los protagonistas hablan bastante rato con
la puerta de la nevera abierta... Bueno pues esta costumbre ha hecho mella
en la juventud y si no, observen a su alrededor...parece una tontería
pero es una manera de inducir al gasto, al derroche innecesario de energía
y al deseo de tener el frigorífico a tope de productos de todos
los colores, ¡es que no hay otra explicación, para semejante
puesta en escena! Algunos programas de televisión influyen de manera
asombrosa en el comportamiento de los jóvenes no hay más
que ver Gran Hermano para darse cuenta de los valores que priman
en la actualidad.
Bien pues ese gota a gota constante, ese empapar incesante, sin que apenas
se note es a mi entender la mejor manera, llevando este ejemplo al terreno
que nos interesa, de crear hábitos lectores . Mientras preparaba
esta charla se ha iniciado una nueva campaña publicitaria para fomento
de la lectura. El slogan es: “Si tu lees, ellos leen” y es cierto
pero creo que tal como están las cosas, sería necesario algo
más contundente. ¿Se imaginan que sucedería si se
viera a David Bisbal leyendo un libro? O si Alejandro Sanz fuera leyendo
en el autobús que le traslada de un concierto a otro. Seguro que
tendría efectos contagiosos.
Sin embargo, lo importante no es saber qué conduce a cada persona
a descubrir el placer de la lectura, lo que realmente importa son los medios
con que disponemos para conservar la afición y satisfacer adecuadamente
la demanda de la sociedad. Si poner al alcance de los futuros lectores
todos los medios posibles para el desarrollo de la actividad lectora falla
con algunas personas, será por cuestión genética.
Al que no le gusta no le gusta y no hay más, pero al lector fiel,
que disfruta con la lectura hay que rodearle de las condiciones necesarias
para realizar su actividad libremente. Estas condiciones adecuadas son
posibles si todos los estamentos de nuestra comunidad desde la familia,
maestros, bibliotecarios, asociaciones, editoriales, libreros y administración
se coordinan en una misma labor: La de dar al libro el puesto de honor
que le corresponde.
El libro como objeto portátil y relativamente duradero, ha ayudado
a preservar y difundir el conocimiento y los sentimientos de sus autores
a través de vastas extensiones de espacio y tiempo, hasta el punto
de que se puede decir con toda razón que la civilización
actual no habría sido posible sin su existencia. De hecho la revolución
cultural más importante ha sido la que tuvo lugar después
de la invención de la imprenta con caracteres móviles realizada
por Guttemberg. Esta revolución democratizó la cultura
facilitando la transformación del hombre agricultor o guerrero,
totalmente analfabetos, en el hombre ilustrado. Se hizo de manera lenta
y constante. Y ha perdurado hasta nuestros días.
El libro receptor de palabras, contenedor de imágenes, transmisor
de pensamiento, divulgador de vidas, historiador perenne. El libro que
a pesar de la competencia con los modernos medios de comunicación,
continúa siendo la principal fórmula para la transmisión
de conocimientos, enseñanzas y experiencias tanto reales como imaginadas.
El libro puede materializar, quizá, el poder mágico de transformación
de la realidad que el gran dramaturgo inglés Wiliam Shakespeare
atribuía a los libros en su más imaginativa obra, “La
tempestad” (1611), en ella, Próspero, el duque de Milán
expulsado de su ciudad por la ambición del hermano, recupera el
ducado ayudado por los conocimientos mágicos que le proporcionan
sus amados libros.
Sí, el libro posee una magia especial porque atraviesa el tiempo
y la distancia de manera más segura que cualquier encantamiento
o maldición porque ¿cómo haríamos si no para
saber lo que un hombre pensaba hace 200 años? No podemos volver
en el tiempo para preguntarle. Pero si este hombre los escribió...
si en alguna parte existe un pergamino, un libro con sus reflexiones esta
persona nos habla a través de los siglos. Y no digamos la magia
de ver mentalmente los paisajes descritos o poner rostro a los personajes
que habitan los libros, pues por muy buena que sea la descripción
de la fisonomía del personaje hecha por el autor , cada lector la
inventa para sí mismo con la fuerza de la imaginación. Seguro
que en la mente de todos los que estamos hoy aquí hay diferentes
rostros de Emma Bovary o del detective Carvallo.
La importancia del libro ha sido valorada por hombres y mujeres excepcionales
que a lo largo de la historia han trabajado por y para su difusión
y conservación.. Todos eran conscientes de que un libro era algo
más que un objeto, así Walt Whitman escribió
en su obra “Canto a mi mismo” la siguiente dedicatoria: “Esto
no es un libro. Quien lo toca está tocando a un hombre.”
Pablo Neruda en sus odas elementales dedica dos de ellas al libro,
en la segunda dice:”Nosotros los poetas caminantes, exploramos el mundo,
en cada puerta nos recibió la vida, participamos en la lucha terrestre.
¿Cual fue nuestra victoria? Un libro, un libro lleno de contactos
humanos, de camisas, un libro sin soledad, con hombres y herramientas,
un libro es la victoria". Y concluye el poema así : ... ”
el hombre descubriendo los últimos secretos, el hombre regresando
con un libro, el cazador de vuelta con un libro, el campesino arando con
un libro.”
La escritora Mejicana Ángeles Mastreta nos dice en su autobiografía
“Temo que no estaré para el terrible día en que desaparezcan
los libros”.
Quiero ser optimista y creer que el libro nunca desaparecerá a pesar
de la tecnología y el ahorro espacial del libro electrónico,
pienso que son dos soportes que pueden convivir juntos. Pasó con
la aparición de la televisión, los más agoreros pronosticaron
la muerte de la radio y al pasar los años hemos comprobado que no
ha sido así.
La periodista Oriana Fallaci afirma “He sabido siempre que la
palabra escrita influye sobre los pensamientos y las acciones de la gente
más que las bombas” por supuesto las bombas ya se ha demostrado
que sólo son capaces de destruir. Todavía guardo en la memoria
la exposición que se hizo en esta misma biblioteca, con fotografías
sobre la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo... la irreparable
pérdida ha empobrecido todavía más a ese pueblo herido
por la guerra.
Antonio Muñoz Molina afirma: ”Por eso sólo amaremos
los libros si nos damos cuenta de que nos son útiles y de que pertenecen
al reino de nuestra propia vida. Leer no es hacer méritos para aprobar
un examen ni para demostrar que se está al día. Un libro
no se puede adquirir por lo mismo que se compra un temario o una camiseta
de moda. Un libro es algo tan material y necesario como la barra de pan
o el agua, como la amistad, o el amor. La literatura es un atributo de
la vida y un arma de la inteligencia y de la felicidad.”
He citado algunas opiniones sobre el libro hechas por escritores del siglo
XX y XXI pero quiero leer la opinión recogida en un códice
del siglo XI en la que nos dice: “El libro es lumbre del corazón;
espejo del cuerpo; confusión de vicios; corona de prudentes; diadema
de sabios; honra de doctores; vaso lleno de sabiduría; compañero
de viaje; criado fiel; huerto de frutos; revelador de arcanos; aclarador
de oscuridades. Preguntado responde, y mandado anda deprisa, llamado acude
presto y obedece con facilidad”.
En el siglo XIX Doña Emilia Pardo Bazán escribía:
“Siempre he pensado que no hay mejor talismán para proteger a las
personas del infortunio sino el conocimiento, que por medio de la lectura
conduce al pleno desarrollo intelectual. La cultura es la mejor protección,
el salvoconducto que nos permite perdurar en el tiempo.
A pesar de ser tachada de
pedante por mis coetáneos o despreciada por otros, jamás
he sucumbido a la crítica destructiva. Escrita ha quedado la burla
que de mi temprana afición a la lectura de los clásicos,
hicieran mis queridos Menéndez Pelayo y Palacio Valdés. Cierto
que no era usual que una niña de doce años leyera a hurtadillas
a Homero, Plutarco, Cervantes o Víctor Hugo sin que se le cayeran
de las manos. ¿Pero por qué ocultar una realidad que me llena
de orgullo?"
Y Gertrudis Gómez de Avellaneda confesaba:
“Mi mayor placer era estar encerrada en el cuarto de los libros leyendo
mis novelas favoritas o algunas poesías que me hacían llorar.
La valoración del libro, como hemos visto, va ligada en todos los
casos a la capacidad comunicativa del pensamiento humano, germen indiscutible
de todo aprendizaje y también de todo deleite.
Hablar del libro nos conduce inevitablemente a hablar de bibliotecas y
creo que mis hábitos lectores no hubieran sido lo mismo si mi vida
no hubiera estado ligada siempre a la sombra de una biblioteca, en primer
lugar fue la de mi casa, más tarde la del colegio y luego la biblioteca
pública.
Es por eso que me permito proclamar a los cuatro vientos a la biblioteca
como uno de los pilares más importantes para el fomento de la lectura.
Bibliotecas particulares y públicas, bibliotecas en la escuela,
en cada barrio. Y aunque es cierto que una biblioteca pública debe
cumplir unas condiciones de espacio, luz y mobiliario idóneos, no
hay que olvidar que cualquier lugar puede convertirse en una biblioteca,
desde un baúl, un autobús, una estación de tren, un
aeropuerto, la sala de un hospital...innumerables posibilidades para acercar
el libro a personas que nunca van a llamar a la puerta de una biblioteca.
Pero nos movemos en un mudo cargado de contradicciones y paradojas que
juegan un poco al despiste con la mayoría de los aficionados a la
lectura.
Hace poco, un par de meses, el ayuntamiento de Valencia tuvo la feliz idea
de regalar, durante dos días, un libro a los usuarios del metro.
Me pareció genial la iniciativa, pero... de nada sirven los gestos
si no hay un espejo que los refleje, quizás hubiera sido más
rentable, culturalmente hablando, dotar a las bibliotecas municipales de
más presupuesto para libros o ampliar horarios, por ejemplo. Todos
los años, desde el Ministerio de Cultura, como he dicho antes, se
ponen en marcha planes para incentivar la lectura en todas sus facetas.
Se invita a escritores de renombre a dar charlas a estudiantes para acercar
al autor a los nuevos lectores. Por un lado las estadísticas recogen
los datos de que cada vez hay más usuarios y más préstamos
bibliotecarios, pero por otro lado nos dicen que España es el país
donde más se edita y menos se lee. Algo no concuerda.
El anuncio de la bajada del IVA para los libros es alentador, sin embargo,
desde la Comunidad Europea se nos amenaza con cobrarnos un canon por el
préstamo bibliotecario. Cada ejercicio anual de presupuesto para
el ministerio de cultura baja el listón del año anterior
para la compra de libros de las bibliotecas públicas. Y ante tanta
contradicción el lector se acerca a las bibliotecas con una lista
de títulos y se encuentra con que sólo existe un ejemplar
de lo que busca y casi siempre está prestado.
“Lean, lean” nos dicen los políticos pero no dan muchas facilidades
y la competencia de los Más Media es tan desleal que, a no ser que
uno sea un adicto sin remisión, corre el peligro de caer en el desaliento.
Pensándolo bien, no fue tan mala la estrategia de mi padre “ No
leas estos...”, pero estaban allí, a mi alcance... ¿será
ese el secreto? ¿Menos decir y más propuestas para favorecer
y facilitar el acceso a la lectura por todos los medios posibles?.
Antes de terminar esta charla quiero hablar un poco de mi experiencia en
estos últimos años respecto a esta Biblioteca pública
y la Asociación de Amigos de la Biblioteca. Recuerdo que
yo venía cada 15 días para utilizar el servicio de préstamo,
era una visita corta, como quien dice de paso para cambiar los ejemplares
que en aquella época eran dos por carnet (hoy son doce documentos
los que se pueden pedir prestados). Uno de esos días vi un letrero
en una de las columnas de la parte de abajo y en el cartel ponía:
¿quieres pertenecer a un club de lectura?. Pensé que sería
interesante y acudí el día de la convocatoria para saber
de qué trataba el asunto. La sorpresa fue que tal club no existía
y que la asamblea trataba de reunir a personas interesadas en la lectura
para crear algo que todavía no estaba definido y que poco a poco
entre seis o siete lectores habituales de esta institución, fuimos
diseñando hasta conformar lo que luego llegó a ser la Asociación
de Amigos de la Biblioteca Pública. Por un lado se trataba de promover
toda clase de actividades partiendo del acervo cultural de la biblioteca
con el fin de satisfacer de alguna manera la demanda de la sociedad en
la que nos encontrábamos. Por otro lado pretendíamos ser
los intermediarios entre el usuario y la administración a la hora
de reivindicar ciertas mejoras que en aquella época eran necesarias.
Se tenía la idea de hacer de la biblioteca algo más que un
depósito de libros, un lugar de consulta o de estudio. Este año
en el que se cumplen los 25 de su inauguración no puedo evitar la
tentación de mirar atrás y atestiguar la transformación
y crecimiento de esta institución. Los tres pilares que constituyen
la misión de la biblioteca pública son el acceso a la cultura,
a la información y a la educación permanente, sinceramente
creo que estas tres premisas se han cumplido a lo largo de este tiempo
gracias al trabajo constante de las dos directoras: Pilar Faus y
Carolina Sevilla y de todo el personal de la Biblioteca Pública
que han trabajado en cada una de las actividades llevadas a cabo durante
este periodo : “La hora del cuento” en la sala infantil, maratones de lectura,
recitales, presentaciones , talleres, conferencias, tertulias , teatro,
exposiciones colectivas y monográficas, concursos de fotografía,
pintura y literatura... en fin diversas actividades que han ido conformando
la personalidad de esta Biblioteca Pública situada en un lugar privilegiado
como es el centro de la ciudad. Todo se ha realizado para satisfacer la
demanda de un perfil muy amplio de usuarios. He sido testigo de la modernización
de la biblioteca , del acceso a la informatización del catálogo,
de la incorporación de soportes audiovisuales y digitales y del
acceso a internet. Porque también hay lectores en la red. En este
campo puedo hablar de mi experiencia personal. .
Desde hace unos años comparto web con otros compañeros
escritores en la dirección: www.literonauta.com un espacio
literario en el que los cinco escritores que participamos en la página
ponemos cada quince días textos escritos exclusivamente para la
red. Santiago Solano, el creador de la web, desde Madrid, Javier
Ribas desde Palencia, José Víctor Llatse desde
Barcelona, Elba Beatriz Gallenti desde Buenos Aires, y yo misma
desde Valencia, escribimos especialmente para el lector de internet y esto
nos obliga de alguna manera a adecuarnos a un medio diferente al papel.
Escribimos en una pantalla y publicamos y distribuimos a todo el mundo.
Regalamos nuestra obra. En la sala de lectura de Santiago Solano
dice “En esta casa todo es de balde, porque la vida se da gratis o no
se da”. Esa es la filosofía literonauta. En la sala de Javier
Ribas su lema es: “Lo contrario de divertido es aburrido, no serio”
Con esa frase advierte que somos gente seria respecto a la literatura que
hacemos, aunque siempre buscando complacer a los lectores, porque como
el mismo Javier dice en una de sus cartas “Bastante caro está
el kilo de lector para andar castigándolo”. Por eso, el “microcuento”
es el rey en internet y la poesía tiene, curiosamente, un protagonismo
que en las librerías no tiene. J. Víctor Llatse profesor
de lingüística está recopilando en: www.literonauta.com
el romancero de la red y les aseguro que es rico y variado en estrofas
y temas. Por otro lado Elba B. Gallenti además de regalarnos
sus poemas, nos acerca un poco más la literatura Argentina.
En la página de literonauta tenemos un foro abierto y un
chat en el que participan personas de todas partes del mundo, algunos entran
por curiosidad sin ser lectores avezados, pero al hablar con escritores
sienten curiosidad por leer sus textos y comentarlos con ellos. En esta
aventura hemos contabilizado más de sesenta mil visitas y creo que
como fomento de la lectura no es desdeñable su labor. Los de mi
generación hemos tenido que adaptarnos al medio y creo que lo hemos
hecho con dignidad aunque al principio hayamos tenido que superar el lenguaje
informático, cierto que para leer un texto superior a 10 folios
debo imprimir y leer en el papel porque la educación pesa mucho,
pero los niños ahora manejan el ordenador desde muy pequeños
y para ellos lo normal es leer en la pantalla.
Con esto quiero llegar a la conclusión de que mi adicción
al libro me ha llevado por caminos que nunca pensé que llegaría
a recorrer. He conocido países sin moverme de mi sala de lectura,
he sabido la biografía de personajes apasionantes y apasionados,
he dejado volar mi imaginación hasta el extremo de tener la necesidad
de escribir. Era inevitable, detrás de cada escritor hay un gran
lector agazapado.
No hace mucho me pidieron que diera una charla cuyo título era:
¿Por qué y para qué escribo? Nunca me había
planteado la pregunta así que fue el momento oportuno para reflexionar.
¿Por qué escribo? Primordialmente porque disfruto haciéndolo,
porque tengo cosas que contar, porque soy tímida y le digo al papel
lo que no me atrevo a decirle a nadie, fíjense que contradicción,
cuando después mi deseo es publicar lo que escribo.
Puede que haya llegado a la escritura después de ser una buena lectora.
Esa ha sido mi escuela, esa y la observación de las personas que
me rodean, de la sociedad en la que he crecido y me he formado.
Y sobre todo escribo para comunicarme con los demás. Para conocerme
mejor. Porque si sabemos quienes somos tenemos más fácil
el camino hacia lo que seremos. Y más llano el sendero que nos acerca
a los demás.
Escribir es como encender luces para ver qué se esconde dentro del
desván. Como leer. Escribir es inventar, fabular, dar color a la
materia gris del cerebro. Es recrearse en una anécdota y parir criaturas
que hablan por nosotros. Escribir es burlar el olvido que la muerte nos
impone. Escribir es regalar lo mejor de nuestra esencia, sobrevivir a las
desgracias. Es alargar los brazos y envolver en caricias a los que nos
estiman. Escribir es gritar con osadía y sin ningún pudor
aquello que se queda enredado en la garganta.
Escribir es infringir leyes sin peligro de ir a la cárcel. Y sobre
todo escribir es un acto supremo de libertad. Esa libertad que propicia
la paz con nosotros mismos y con el entorno.
¿Para que escribo? Creo que va unido el por qué y el para
qué. Se establece una línea muy difícil de matizar.
Si he dicho antes que escribo porque disfruto con ello, es evidente que
mi pretensión es que los que me lean disfruten también. Luego
escribo para que me lean, así de sencillo. Me gusta trasmitir sensaciones,
crear imágenes, compartir momentos de plenitud o simplemente desteñir
lo mezquino que de la vida me pueda emponzoñar. La necesidad de
comunicar me ha llevado por un camino que yo no tenía previsto.
Y la capacidad creadora me ha dotado de la herramienta más adecuada
a mis necesidades. El lenguaje , con el que a veces juego y me recreo,
o discuto y me rebelo. Ese lenguaje escrito que tantos momentos de dicha
me ha deparado.
Es por tanto la escritura una vía de doble sentido que circula desde
la mente del escritor a la mente colectiva uniendo los mundos internos
con la realidad que nos circunda. Es un cruce de caminos con varias direcciones.
Como la lectura.
En cuanto a mi, personalmente...escribo por todo lo dicho en estas líneas
y por muchas cosas más que quizás ignore, tampoco es importante
saber siempre qué nos mueve a hacer esto o aquello. Los por qué
o para qué son, a veces, trabas que nos limitan. Lo cierto es que
me gusta escribir y compartir, sembrar imágenes presentidas. Evocar
y perpetuar recuerdos que cuando yo muera desaparecerán. Escribir
es de alguna manera permanecer siempre en el tiempo. Traspasar el que nos
ha tocado vivir.
Y todo... gracias a los libros que he leído
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