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Reportaje del recital ofrecido en la Sala Trovador, en Madrid, el 20 de septiembre de 2006 |
Para hablar de Miguel Losada hay que entrar en geografía. Me explico.
Yo, a Miguel, le asocio a lugares. Porque este gran poeta galego no es
sólo eso. Es un hombre y escritor universal, con muchos lugares
de peregrinación en su mente. Mente poderosa y peligrosa por su
cultura y sus derivaciones, Miguel es un hombre de imagen y por ello, la
imagen juega un importante papel en su poesía. Va, viene, deambula…
por rincones exteriores e interiores pero en los que siempre se encuentra,
a flor de piel, una exquisita sensibilidad y buen gusto que le lleva a
una escritura elegante y de gran belleza aunque, en modo alguno, superficial.
Muy al contrario, Miguel Losada es un intelectual – en el mejor sentido
de la palabra – y su mundo no puede ser menos ajeno al mundo de la idea
y del conocimiento. Miguel ha leído y ha descubierto. Pero su amor
al cine hace que en él la palabra cobre movimiento. Eso sí,
con sosiego. Es un poeta que busca el interior, la serenidad, el origen
del manantial, la primera piedra que sortea el río de su creación
y que busca, también, el amplio caudal de la desembocadura. Sabe
que el agua de las palabras detiene su curso en el poema y lo fija, lo
coloca en las páginas de sus libros, para que le acompañemos
en la armonía que transmite. El, que es un gran avanzado, sin embargo
tiene grandes reminiscencias clásicas. Y es que el Progreso no puede
perder de vista la Belleza. El Hombre no se hace sólo a base
de confort sino también de sueños y lo que llamamos
materia debe dejarse cabalgar por su quintaesencia: lo que el Hombre ha
dado en llamar espíritu. Y por ahí va, por ahí camina
Miguel Losada. Por esas andaduras le encontré y él, al que
tanto le gusta disfrutar de la obra de otros poetas, él
que tanto disfruta promoviendo la mejor poesía, se para, de vez
en cuando, para ofrecernos un nuevo poemario lleno de riqueza personal
y literaria. Miguel Losada vive la creación en plenitud. Desde su
faceta de escritor, y desde su faceta de crítico literario y cinematográfico.
Y a mi me gusta mucho como engarza ambas. Porque sabe lo que puede dar.
El, que siempre tiene una mano tendida para el amigo, conoce el modo de
trazar con ella, de forma maestra, el poema. Poema en el que busca, como
en todo, la más alta expresión del arte. Arte con raíces,
arte en la plasmación y en la sugerencia. Para llevarnos a esas
cotas que no arrasó el Séptimo de Caballería, y allí,
en ese Ateneo tan suyo y tan nuestro, situar su Séptimo Cielo. Ese
lugar de sus lugares en el que, uno de sus viernes de La Cacharrería,
me dio unos papeles con su selección para este libro: “Toma, Porta,
y no me vuelvas a pedir nada hasta el 2.046, si Wang Kar Wei lo permite”.
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El texto de
presentación es de Emilio Porta
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