MOMENTO ÁRTICO
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No voy a ir a la fiesta del Juicio Final;
voy a quedarme aquí, con unos
amigos.
Os amo a todos, de veras;
aunque a veces os escupa a la cara,
os amo.
Lo que ocurre es que habéis perdido
el número
y no podéis seguir en escena.
Hay niños destripados a vuestro
alrededor,
hay gatos apuntados a la sarna,
hay hoteles sin estrella donde revientan
los muertos,
hay una desmedida afición al
orden,
hay una madre en las últimas
a quien todos aplauden su martirio.
¡Desconocidos esquimales,
traednos un poco de sensatez o danza
mágica!
¡Blanquecinos sabios de Siberia,
enseñadnos a fabricar hombres
y mujeres!
Hombres y mujeres,
hombres y mujeres,
no los hagamos ni bellos ni brujos,
no les pongamos centímetros ni
centinelas,
dejémoslos crecer como ángeles
transparentes.
¿Dónde se ha quedado la
pacificación que nos prometieron?
¿Dónde habéis escondido
vuestra impaciencia?
Las jovencitas grises tienen el alma
cansada,
han travestido el autobús en
diadema de autopista
y los lobos desaparecen por el Oeste.
Hay un viejo cantándole a la
lluvia
mientras las historias se mezclan con
el fango.
Y vosotros,
¿qué pensáis hacer
respecto a tanta intromisión?
¿Quedaros con la boca abierta
y el espectro de unas monedas disponibles?
¿Qué fue de aquellas garras
que gritaban justicia o estar loco para
siempre?
¿Habéis llegado al punto
donde todo está firmado?
Doléos entonces.
Habrá una salvación con
música de túneles
y un coro diferente que es carnívoro,
el mal despertar de una pantera enorme,
el centro exacto de erecciones cantarinas
y almibarados jugos,
un destino para chupar y ser chupado,
una explosión de vómitos
sobre las cerraduras.
¿Es eso lo que queréis?
Mirad, tíos, es inútil.
Vuestro fin ya está pagado
y se escuchan falsos timbres de hecatombe.
Pero yo no pienso montar en vuestro
estándar
y me sobra tiempo para dormir en la
basura.
Tal vez buscáis mi polla en todo
esto.
Pues sabed que el precio es dejarse
de conciertos
y cantar ante uno mismo hasta hacerse
sangre.
Sí, mi polla es todo un espacio
imposible de resumir en dos palabras.
Me coserán la boca como hicieron
con los océanos,
pero
no voy a ir a la fiesta del Juicio Final;
voy a quedarme aquí, con unos
amigos. |