ENRIQUE VALLE 
... el poeta
 
 
LA CIENCIA DURA 
. 
.

          Proponerles la revolución a mis amigos del barrio chino es como ponerle bragas rosa a Marlon Brando. Tú háblale a alguien que ha vendido hasta el hollín y no hace otra cosa que contar el polvo, alguien que lleva la vida de adorno, y verás cómo hace una novela con tus adverbios. Mis amigos te ponen el archivo al día y el dorado en ácido, si ven que eres de ésos que nacieron con comodines en el babero y pretendes enseñar salmos al pastor. Más de cuatro andan con los pies de prestado, es decir, con la condicional, y evitarán siempre que puedan hacer cuadrados con compás, pero como piensen que tienes su número o intentas venderles pingüinos, son capaces de librarte de los médicos.
          Yo he visto muchas treguas rotas porque alguien de costra en la crema pero capaz de torcerse un tobillo al afeitarse, en un momento dado, o ha querido pagar con el billete del espejo, o ha echado whisky en los cereales, o simplemente se ha salido del guión en la comisaría. Inútil entonces intentar ponerse lazos en los espolones y hacer como que miras los precios. Quien pretenda arrimarse al cristo después de cazar zorros con gallinas es que está con Blancanieves o es de los que van de baile un lunes, por mucho que se sepa el santoral.
          También están los que conocen a una esponjita con cuerpo de primeros auxilios, guapa de manual, que hace llaveros con los hombres. Normalmente vestidas de tómbola, se pintan de minio antes de acercarse al violín, a quien mirarán como leyéndole la saliva, para después terminar mojándole las cerillas. Como besan de libro y están siempre dispuestas al requesón, no les resulta difícil hacer que sus víctimas cambien los ases por los doses y se les ponga aspecto de trofeo, sobretodo si en ese momento se les ve el calcio o se encuentran como para ir de putas con el confesor. Ellas, ¡si será por experiencia!, aparte de aguantar el premio, hace mucho que limpiaron la agenda y suelen tocar el piano en primera línea, conque saben muy bien a quien le entra la tos siempre que canta, acostumbradas como están a oler los colores, hablar al peso y poner de verano al lucero del alba si se tercia; de esa manera les va de joyería.
          Así que, amigo, si te falta un hervor, aunque tengas el cuerpo de abecedario y estés sólo para restar, deja que la gente tome el sol, y prohibido asar sardinas en la galería. Sé respetuoso y no invites a putas a un castrado por si se los dejó con tu madre.
          Y perdona si me esquino. Es que estoy como para fumarme las uñas y además hoy llueve de entierro.