COMO EL CANDO
DE UN DURO
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vine a nacer sin muchas ganas
con la cárcel como país
y el cuartel como ciudad
me hicieron crecer entre los pálidos
y pálidos fuimos quienes abríamos
nuestro almanaque
entrándonos con sangre la letra
aprendiendo a rezar por legislación
desfilados hasta en el desayuno
sin más sexo que el espejo
siempre arrepentidos
siempre comulgando raza
la libertad estaba entre paréntesis
un paréntesis imprevisible como
la tristeza
y los niños queríamos
ser Jon Vaine
y las niñas queríamos
ser Grace Quelli
y los niños y las niñas
nos visitábamos
a través de la espesa frontera
de un dividido colegio
con las flores a María por lecho
conyugal
y guiños de fin de curso
fin de curso que no llegaba nunca
entre tanto Cid Campeador
y tanta Católica Isabel
con los descubrimientos de América
como churros
para el antichocolate de exámenes
o pena de muerte
entonces
venían las madres a darnos la
merienda
y nos abrazaban a cada momento
pero también callaban
sin saber porqué había
que callarse
y callarnos todos bien callados
mis ojos de lunes
abiertos hasta sangrar
con avidez de espirales
continuamente luchaban contra la arena
de los miedos
sorprendiéndose de lo brusco
ocultando la desprestigiada tendencia
a la ternura
y hechos una espera de las que nunca
se perdonan
era bueno no parecer sentimental
pero tener un comedor y un tebeo a mano
y menos mal a eso
siete años y malas lágrimas
ocho años y envidia
nueve años y domingos
diez años y un poquitín
de algo mayor
doce años doce
mil recuerdos
excursiones para intentar tocar una
cintura
excursiones con tabaco como desafío
y poder hablarle groseramente al campo
hombrecitos y mujercitas con la boca
en avanzadilla
ante las pequeñas camisetas con
ombligo y medios pechos
y los bigotillos evanescentes o las
erecciones indisciplinadas
doce mil confesiones
con el viejo cura del exceso de saliva
y los espasmos rítmicos en el
confesonario
-qué estaría haciendo
ese drácula-
cuando equivocábamos los pecadísimos
de fumar
de consentir pensamientos
de decir palabrotas
doce mil veces doce años
y después trece
y luego catorce
temiéndome ya lo peor
pero intentando mantener alguna fe inextirpable
tenía yo un conjuro entre las
manos
lo usaría
haría con él que se desbocaran
las verdades
enseñaría al mundo la
despampanación de los pámpanos
con una cierta alegría de sombra
y la intención de rebelarme con
cuidado
para amar sin ser descolorido
porque aún no olisqueaba el sudor
de la muerte
me embadurné de fraternidad
y de ansia insalubre
aceleré
vértigo
años como siglos
en el cerebro encharcado de prisas
mientras
los alaridos prometían leches
y mieles
las armas estaban mal vistas
los dólares peligraban por indiferencia
las guerrillas se disfrazaban de amanecer
los libros se compraban en silencio
y la música
...
ah la música
germinaban electrones entre los sonidos
abriéronse las flores que tan
poco habían de durar
pelos largos como sauces
y colores muchos colores
en las ropas en las
caras en los días como
paraísos al máximo
abrazo universal
-claramente pretencioso-
que respondía a la necesidad
de estar vivos de una vez
hermosísimo abrazo para sentirse
verdaderos
invadidos de drogas verdaderas
de inocencias verdaderas
de verdadera subversión
que casi descalabra a las gentes con
dentadura de platino
hasta que fuimos ingeridos por ellas
y por sus cotizaciones y su cocacola
o tal vez por la realidad omnívora
tan molesta como un diluvio
estuve en esos campos
y los vi agostarse
ante mi espléndida amargura
con las llagas de mis pies anestesiadas
por el lodo almibarado de cualquier
futuro
pero cualquier futuro carcomido hasta
el hueso
y en el poder no hubo más imaginación
que la moneda
yo ya había invitado
a Sade a Lautréamont
a Rimbaud a Baudelaire a Ginsberg
a Lovecraft a Henry Miller a Beckett
a Bukowski
a la impaciencia que los trajo al mundo
a mujeres como jardines botánicos
a hombres como precipicios
yo había descansado a menudo
en las anfetaminas
el jachís el ácido lisérgico
la pentazocina
y también
en el vino tinto la
ginebra el coñá el guyski
bilingüe y los malditos licores dulces
tuve a bien amar al mundo entero
como melifluo cantarín parroquial
y charlar muchísimo sobre la
injusticia
o incluso luchar un poquito desde la
trinchera de algún perro viejo
y vi orillada de disimulo
la simpática trampilla del infierno
la abrí estuve
con Satán
conocí la tiniebla más
tiniebla de las tinieblas
y el fuego más lascivo
en casi todas las calderas condenadas
y
hasta el rumor del pecado puro
no fue más que un graznido en
medio del tiempo
nada de nada
ni dios ni el diablo son divertidos
ni el arpa ni el cuchillo te acercan
a la evidencia
a la evidencia de vivir
a la evidencia de vivir sin más
vivir es estar vivo
vivir es
Vivir
fuera el tiempo
fuera el respeto y la palabra y la salud
que caigan las más esclarecedoras
mantecas de los piojos
sobre nuestros cráneos relamidos
que se hagan cortantes las arrugas de
las sábanas
como expiación por ser tan raras
bestias
por hablar gratis
pero cobrarnos la comida
aunque al final
-desde hace unas horas-
prefiero el rincón soleado por
los calores de la intoxicación
y el saludo de cuando en cuando
de algún tumbado por las aceras |