Q-Q
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Que no se puede estar siempre
dando vueltas al mismo gato;
que la costumbre de quejarse
huele a matarratas del fino;
que una triste Valentina
nos vuelve tarumbas con tanto bufar;
que, cuando suenan los metales,
ya me he quedado sin whisky;
que más plano, imposible,
por mucho que digas "cucú".
Cucú.
Tirando de margarina en los ratos libres,
vistiendo de amante a la almohada,
me parece que el mar sigue igual de
grande;
y los regueros,
las trifulcas,
los días de frente y de reojo,
los adelantados, los listillos, los
tarugos, los poseidones, los poseídos, los testiculares, los matriculados
de honor, los pitiminís, los clavos de Cristo, los chupadores, los
deslizadores, los cantamañanas, los cantaocasos, los que cantan
por cantar, los garambainas, los concursantes, los comeclaustros, los que
cuentan las patas de las ovejas y luego dividen por cuatro, los que les
contratan, los que contratan a quienes contratan, los que defienden los
contratos, los exclusivamente binarios, los purpurinas, los purpurados,
los calentones, los antárticos,
los que me callo y los que olvido,
tienen la cuenta echada, grano abajo,
grano arriba,
y todo está más que cucú.
Cucú, cucú.
Y es que hubo un año que sólo
tenía domingos,
pero ya no está;
y es que hace un bochorno en palacio
como para besarle un sobaco a la princesa;
y es que hay diez cañones por
banda
y nos parece de albillo;
y es que se escucha una llantina de
miedo
y nadie le limpia el culo a la pobre
criatura;
y es que, puestos a bailar con la muerte,
me sobra con un dedo y un cucú.
Cucú. |