ENRIQUE VALLE 
... el poeta
 
  
Q-Q 

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Que no se puede estar siempre 
dando vueltas al mismo gato;
que la costumbre de quejarse
huele a matarratas del fino;
que una triste Valentina
nos vuelve tarumbas con tanto bufar;
que, cuando suenan los metales,
ya me he quedado sin whisky;
que más plano, imposible,
por mucho que digas "cucú".

Cucú.

Tirando de margarina en los ratos libres,
vistiendo de amante a la almohada,
me parece que el mar sigue igual de grande;
y los regueros,
las trifulcas,
los días de frente y de reojo,
los adelantados, los listillos, los tarugos, los poseidones, los poseídos, los testiculares, los matriculados de honor, los pitiminís, los clavos de Cristo, los chupadores, los deslizadores, los cantamañanas, los cantaocasos, los que cantan por cantar, los garambainas, los concursantes, los comeclaustros, los que cuentan las patas de las ovejas y luego dividen por cuatro, los que les contratan, los que contratan a quienes contratan, los que defienden los contratos, los exclusivamente binarios, los purpurinas, los purpurados, los calentones, los antárticos,
los que me callo y los que olvido,
tienen la cuenta echada, grano abajo, grano arriba,
y todo está más que cucú.

Cucú, cucú.

Y es que hubo un año que sólo tenía domingos,
pero ya no está;
y es que hace un bochorno en palacio
como para besarle un sobaco a la princesa;
y es que hay diez cañones por banda
y nos parece de albillo;
y es que se escucha una llantina de miedo
y nadie le limpia el culo a la pobre criatura;
y es que, puestos a bailar con la muerte,
me sobra con un dedo y un cucú.

Cucú.