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| EL TIBURÓN
PASEÁNDOSE POR LA ZONA ABISAL DE LOS MÁS CIEGOS
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Yo, que he estado muy pendiente del infierno,
allí donde los mortales de cerebro acuático ya no regresan incólumes sino que se pierden en el infinito de ser peces, y el cero de la infecundidad aleja al prójimo con ascos rebuscados, allí, repito, nadie culpe a destinos ni a sensibilidades de nuestro extravío entre las algas, sino que a la mala disposición de una angustia debemos, y sólo a ello, el estar indefensos y cautivos para desesperación de falsos pescadores. |