ENRIQUE VALLE 
... el poeta
 
  
EL TIBURÓN PASEÁNDOSE POR LA ZONA ABISAL DE LOS MÁS CIEGOS 

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Yo, que he estado muy pendiente del infierno,
allí donde los mortales de cerebro acuático
ya no regresan incólumes
sino que se pierden en el infinito de ser peces,
y el cero de la infecundidad
aleja al prójimo con ascos rebuscados,
allí, repito,
nadie culpe a destinos ni a sensibilidades
de nuestro extravío entre las algas,
sino que a la mala disposición de una angustia
debemos, y sólo a ello,
el estar indefensos y cautivos
para desesperación de falsos pescadores.